Su hijo se mueve sin parar, se desconecta, no termina lo que empieza. En el colegio se lo comentan. Se pregunta si debería consultar, o ya lo hizo y volvió con un diagnóstico: TDAH.
¿Qué significa? ¿Qué abarca? Y sobre todo, ¿responde a la pregunta que se hace todo padre: por qué mi hijo no es como los demás?
Así es como funciona.
Un diagnóstico a partir de un cuestionario
Le entregarán un cuestionario. Según el profesional y el lugar donde viva, será un Conners, un SNAP-IV o un ADHD-RS. Lo rellenará en casa, solo o con el otro progenitor, pero nunca con el niño. El profesor rellenará otro por su cuenta, porque los síntomas deben estar presentes en al menos dos entornos para que cuenten.
A lo largo de varias preguntas, el cuestionario le pide que diga si su hijo consigue concentrarse o no, y si está inquieto o no. Otras preguntas pueden tratar de la oposición al adulto, la transgresión de las normas, la ansiedad, el estado de ánimo. Tenga en cuenta que solo la primera categoría cuenta para el diagnóstico.
A cada pregunta se responde nunca, a veces, a menudo, muy a menudo. Cuando los dos padres se ponen a ello, muchas veces no están de acuerdo. Es el primer defecto de la herramienta, pero hay otros. Sus respuestas también dependen de su ánimo ese día y de cómo le sientan las preguntas (culpa, rechazo, etcétera). Del lado del profesor, además de su ánimo del momento, la opinión que tiene de su hijo también influye en lo que contesta.
Qué hace el médico con eso
Suma sus respuestas y las del profesor. Constata lo que su hijo no consigue hacer, a partir de lo marcado. Si la puntuación supera un umbral y las dificultades pesan de verdad en su vida, establece el diagnóstico. Después evalúa y decide el tratamiento.
Así que no hay análisis de sangre, ni imagen, ni prueba biológica. No existen.
En resumen
Usted marcó «mi hijo a menudo no consigue concentrarse», y el médico responde: efectivamente, a menudo no lo consigue, así que tiene TDAH.
La circularidad
La circularidad es sencilla: su respuesta es la respuesta.
¿Por qué su hijo no para quieto en la silla? Porque tiene TDAH. ¿Y cómo se sabe que tiene TDAH? Porque no para quieto en la silla. Repetido en una quincena de preguntas.
Esto plantea tres problemas.
Nada establece la causa. Ninguna pregunta distingue al niño que duerme mal, al que no oye bien, al que tiene el sistema de apego en alerta. Sea cual sea la causa, el resultado es el mismo.
Nada nuevo en las predicciones. Le dirán que la puntuación predice el fracaso escolar. Pero si usted marcó que no escucha, que no termina y que no sigue las consignas, no necesitaba un cuestionario para saberlo.
Y la palabra TDAH da la impresión de haber obtenido una respuesta, como si ya no hiciera falta buscar más. ¡Listo, ya sabemos lo que tiene!
Lo que la palabra diagnóstico significa para la mayoría de nosotros
Cuando un médico da un diagnóstico, usted oye cuatro cosas a la vez. Sabemos lo que tiene su hijo. Sabemos de dónde viene. Sabemos qué hacer para tratar la causa. Sabemos cómo va a evolucionar.
Eso es lo que entendemos, porque para nosotros, diagnóstico significa enfermedad.
Una cuestión de etiología
En medicina, un diagnóstico se hace en tres tiempos.
Primero, estos son los síntomas, esto es lo que se observa: es el diagnóstico sindrómico, o clínico. Después se busca de dónde viene: es el diagnóstico etiológico. Por último se mide el impacto en la vida de la persona: se evalúa la gravedad.
En el TDAH tenemos el primero y el tercero. No el segundo, que es precisamente el que uno espera.
Cuando la medicina no entiende algo, tiene una palabra para ello: idiopático. Así que el TDAH formaría parte de las enfermedades idiopáticas. Solo que aquí no se usa esa palabra, porque el TDAH no es una enfermedad. Es un trastorno. Trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad. De ahí las siglas.
Dicho de otro modo, la medicina hace una constatación a partir de su propia constatación, y le pone unas siglas.
El diagnóstico diferencial
Muchas cosas producen exactamente el mismo cuadro clínico (sindrómico, para ser precisos). Una pérdida de audición. Una apnea del sueño. Una dislexia. Ansiedad, estrés. Dificultades de procesamiento sensorial. Una carencia de hierro. Un niño adelantado que se aburre. Un apego inseguro.
Cuando la causa no está establecida, habría que proceder por eliminación; a eso se le llama diagnóstico diferencial. Cualquier otra causa que pudiera explicar que su hijo no consiga concentrarse o esté inquieto debería medirse y descartarse. Solo que esa es la parte que a menudo se olvida, o sencillamente no se hace.
Por ejemplo, ¿se hizo un análisis de hierro además de sus respuestas al cuestionario? ¿Un terapeuta ocupacional elaboró un perfil sensorial?
¿Su hijo tiene un diagnóstico, pero nadie ha buscado lo que hay detrás?
Audición, sueño, perfil sensorial, atención: una primera entrevista en el Centro Activate permite repasar lo que todavía no se ha medido.
La analogía de la fiebre
Pongamos una analogía. Imaginemos que evaluamos la fiebre con un cuestionario. ¿Nota a su hijo caliente? ¿Le parece más cansado de lo habitual? ¿Se queja? Etcétera.
Si responde que sí, el médico puede constatar: sí, efectivamente, tiene fiebre, y darle un diagnóstico que se llamaría STE. Síndrome de temperatura elevada. Y después le extendería una receta de paracetamol. Todo eso sin sacar nunca el termómetro.
El diagnóstico de TDAH es lo mismo. Una constatación a partir de sus observaciones, sin instrumento de medida, unas siglas, un medicamento.
Queda, una vez más, la pregunta del porqué. ¿Por qué mi hijo no consigue concentrarse, por qué está inquieto?
En el Centro Activate
En el Centro Activate, es a esa pregunta a la que intentamos responder. No sabemos tratar un TDAH; nadie lo sabe, porque nadie sabe qué es. Lo que sí sabemos hacer es medir y trabajar la atención, la concentración, el perfil sensorial, la regulación emocional y la relación con el otro. De eso trata nuestro programa TDAH para niños.
Y el resultado, para seguir con la analogía: con nosotros, la fiebre baja, y de forma duradera. Sin medicamentos.
Es lo que constatamos en alrededor del 80 % de los niños que han seguido una reeducación, a partir de un cuestionario de evaluación rellenado antes y después.