El eje intestino-cerebro y los trastornos del neurodesarrollo
Los trastornos del neurodesarrollo no conciernen solamente al cerebro. La investigación muestra que la microbiota intestinal influye en la inflamación y la maduración neuronal, y por lo tanto en la capacidad de atención y concentración. En el centro Activate de Ginebra, completamos nuestros programas de rehabilitación neurológica con un enfoque funcional destinado a restablecer el equilibrio de la microbiota.
Cuando evocamos los trastornos del neurodesarrollo — dificultades de atención, de lenguaje, de aprendizaje o de interacción social — pensamos espontáneamente en "anomalías cerebrales". Por cierto, hoy hablamos de "neuroatipicidad". Pero la investigación reciente invita a cambiar de perspectiva: ¿y si una parte de la historia se jugara en el intestino?
El intestino como segundo cerebro
El intestino alberga una microbiota abundante, verdadero ecosistema de miles de millones de bacterias. Estos microbios no se contentan con acompañar la digestión: producen moléculas bioactivas — ácidos grasos de cadena corta, neurotransmisores, vitaminas — que dialogan con el cerebro a través de la circulación sanguínea y el nervio vago.
Disbiosis e inflamación sistémica
Cuando está equilibrada, la microbiota regula la inmunidad y apoya la tolerancia del organismo. Pero un desequilibrio (disbiosis) fragiliza la barrera intestinal, dejando pasar moléculas proinflamatorias. Este flujo alimenta una inflamación silenciosa, frecuentemente observada en los TND, donde se encuentra una activación anormal de las células inmunitarias del cerebro (microglías).
Impacto en la maduración cerebral
Esta inflamación crónica interfiere con la plasticidad cerebral y la maduración de las redes neuronales. Ahora bien, el período clave del desarrollo del niño depende de una orquestación fina entre inmunidad, energía celular y neurotransmisores. Las alteraciones de la microbiota pueden así perturbar la disponibilidad de dopamina, serotonina o butirato, moléculas esenciales para la atención, el lenguaje y la regulación emocional.
Disbiosis intestinal → permeabilidad aumentada → inflamación.
Inflamación → activación microglial → desorganización neuronal.
Desorganización → síntomas de los TND (atención, lenguaje, sociabilidad).
Nuevas perspectivas terapéuticas
Estos descubrimientos no borran la complejidad de los TND, pero abren una vía complementaria: modulación de la microbiota mediante la nutrición, probióticos, intervenciones antiinflamatorias suaves. Un enfoque que se une a la visión funcional: actuar no solo sobre los síntomas, sino sobre el ecosistema biológico que los alimenta.
Los trastornos del neurodesarrollo no nacen solamente en el cerebro: son el fruto de un diálogo constante entre intestino, inmunidad y sistema nervioso. Al integrar esta dimensión, la medicina funcional ofrece nuevas palancas para acompañar a los niños y apoyar su desarrollo global.
En el centro Activate, una visión integrativa al servicio de los niños neuroatípicos
En el centro Activate de Ginebra, integramos la reflexión intestino–inmunidad–cerebro en el seguimiento de niños que presentan trastornos del neurodesarrollo. Este enfoque funcional (microbiota, inflamación silenciosa, energía celular) tiene como objetivo optimizar los resultados de nuestros programas de rehabilitación neurológica (atención, lenguaje, regulación emocional), actuando tanto en los circuitos cerebrales como en el terreno biológico que los influye.
Para más información, puede solicitar una cita con nuestro asesor Julien Frère para una evaluación personalizada.